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Espacio Protegido del Diálogo

Los criminólogos sostienen que las cárceles, a pesar de su intención rehabilitadora, terminan convirtiéndose en escuelas del crimen; con el hogar ocurre lo mismo. Si bien la familia es supuestamente el espacio privilegiado para la transmisión de valores, sentido de pertenencia, auto-estima, confianza… es también donde llegan a ocurrir los aprendizajes más destructivos, traumáticos y disfuncionales, dolorosos… En la familia se transmiten patrones destructivos que con dificultad se borran al paso del tiempo para convertirse en “herencias invisibles” que reproducen pautas culturales que contaminan de mil maneras a toda la sociedad por generaciones y generaciones.

Prácticamente en cada familia de cada pueblo y país existe un hijo lastimado y/o abandonado, un papá ausente, autoritario… que en su tiempo también vivió carencias y termina transmitiendo a sus hijos, a pesar de su buena intención, toda su inseguridad, su ansiedad, su depresión, su falta de sentido de vida, su baja autoestima, sus adicciones, su propensión a la violencia y a la corrupción: Lo que se aprende en la familia, se reproduce posteriormente en todos los ámbitos.


“De pronto me sorprendo cuando en momentos de crisis, tensión o frustración, repito con mis hijos esas conductas que tanto me lastimaron durante mi infancia; cuando agredo, soy impulsivo, grito, desconfío, critico, juzgo, ofendo, devalúo, miento, hablo mal de mi pareja frente a mis hijos, cuando hago exactamente lo que hicieron conmigo y me juré un día a mí mismo jamás repetir”


La capacidad de sanar heridas emocionales a través de la intervención de profesionales de la salud mental –a través de terapias, consejos, libros, conferencias, sermones dominicales, políticas públicas y programas preventivos diversos– a pesar de las mejores intenciones ejercen poco impacto social en la salud emocional y la conciencia de las familias de carne y hueso. Nos preguntamos ¿qué nos toca hacer más allá de sentirnos arrollados por la inercia de tantos síntomas alarmantes? (suicidios, adicciones, violencia, embarazos adolescentes, depresión, corrupción, desconfianza básica, ineficiencia, desigualdad de recursos y oportunidades, desequilibrios climáticos brutales…)

¿Esperamos a que se componga nuestra vida con las nuevas reformas energéticas, de telecomunicaciones… Beatriz Bruteau sostiene que no podemos esperar que llegue el futuro y nos arrastre, el futuro somos cada uno y se construye en el presente, ahora mismo… Te invitamos a formar parte del cambio de adentro hacia afuera, de abajo hacia arriba… para que una masa crítica de personas, de familias, de pequeños grupos conspiradores del diálogo al dar testimonio de relaciones cotidianas con libertad y conexión, de manera humildemente poderosa desencadenen una perturbación social que mueva como humanidad en la dirección de la dirección de la inteligencia colectiva y emergente como le han llamado Steven Johnson o Pierre Levi...


Nos mueve un sueño compartido: Construir en cada rincón de nuestras comunidades, un espacio de crecimiento emocional que no implique necesariamente añadir una dependencia más, de especialistas y agentes externos, a menudo inaccesibles. Desde la trinchera del Desarrollo Humano construimos el futuro concentrando estratégicamente esfuerzos justamente en el espacio donde se construye y recrea la sociedad. Proponemos un recurso viable, reproducible y de alto impacto para la consolidación de relaciones humanas significativas y sanadoras. La promoción de espacios protegidos de diálogo en la familia; espacios privilegiado y autosustentable para el desarrollo de personas emocionalmente sanas, creativas, autorrealizadas y éticamente responsables. Si lo intentas, tal vez logres experimentar en carne propia lo ocurrido en aquella utopía de la primera guerra mundial convertida en película “Joyeux Nöel” donde soldados peleados a muerte, de pronto, en una experiencia transformadora, se conectan y se hermanan a partir de compartir literalmente una foto de su experiencia… Tal vez, aunque sea por un instante, avizores eso que tanto en este país como globalmente tanto necesitamos: la experiencia de conexión con el otro más allá de las diferencias.

Te invitamos a algo razonable: Danos y date una oportunidad de probar por ti mismo, primero con alguien cercano, a aventurarte con apertura y disposición a ir más allá de la simple lectura y te asomes a este procedimiento para vivir un espacio protegido de diálogo. Te invitamos a tejer juntos un país más consciente, donde violencia, corrupción y demás síntomas sociales tengan cada vez menos cabida; Un país cuya armonía y paz no esté fincadas en el silencio, la exclusión, la coerción… sino en el diálogo –el gran promotor natural de la conciencia y la transformación individual y comunitaria.