¿Dónde comienza la violencia?

Por tradición la mujer ha sido más víctima de violencia que el hombre. Por ello se celebra el día contra la violencia hacia las mujeres, aunque también existe violencia contra el hombre.

Parece tan visible y a la vez es algo tan oculto para la mayoría de las personas la secuencia de un evento de violencia. Antes de ocurrir un episodio de violencia generalmente se suceden, en una cadena, algunos eslabones previos. Sin el primero o segundo, no puede existir el cuarto ni el quinto eslabón de la cadena. Probablemente el eslabón más determinante, y también el más inadvertido en la generación de episodios de violencia, es el del silencio generado por la desconexión de la persona consigo misma. Todo comienza con una sensación de incomodidad en el estómago o tal vez en el pecho o la garganta. Mi pareja, mi hijo o mi hermana hicieron o dejaron de hacer algo que me molestó. Quizás yo la esperaba a las siete y llegó a las ocho o la sopa aguada le salió demasiado seca y la de arroz demasiado aguada; o tal vez algo desapareció de mi escritorio y ella es la principal sospechosa de cambiar de lugar mis lentes, mi pluma, mis aditamentos de la compu… Los humanos nos cruzamos con situaciones de enfrentamiento al doblar cada esquina; el conflicto parece ser parte de la vida misma. Sin embargo, la manera como lo enfrentamos hace la gran diferencia. Aunque existen múltiples escenarios de conflicto todos importantes, es la familia, el espacio donde se crea y se reproduce la cultura de la violencia.

La experiencia de pre violencia se inicia con una incomodidad, manifestada como sensación en mi cuerpo. De pronto no soy capaz de voltear hacia adentro y simplemente observar que algo me está ocurriendo físicamente, es decir, es falso ese “no tengo nada” que suelo lanzar demasiado pronto, demasiado automáticamente. El ciclo de la violencia se destapa justamente cuando dejo de reconocer que efectivamente tengo algo. Lo que siento no necesita ser maduro, razonable o lógico. Lo que se siente, por lo pronto se siente y es de vital importancia reconocerlo y poderlo describir, punto[i]. Por mi propia historia yo no puedo de una manera directa controlar el surgimiento de una sensación cuando veo la ropa tirada o cuando “Jorge” no llega ni se comunica a la hora que habíamos quedado. Simplemente siento el piquete en el estómago. La punzada que experimento no es opcional, lo que haga con ella ¡sí lo es! Después de la experiencia del piquete en el vientre aparece el siguiente eslabón; la cara de ídolo de piedra, enojado y mudo. Jorge escucha la pregunta ¿qué te pasa estás enojado? y responde: ¡no, no estoy enojado estoy viendo la tele. Aunque en ese momento se queda mudo, dentro de dos o tres días aprovechará una reunión social para colocar el siguiente eslabón y hacer un comentario jocoso al referirse a su esposa: “Ya llegó la domadora”… O tal vez en lugar de la reunión social, un día especialmente difícil en el trabajo él llegue a casa más temprano y se tome un dos o tres cervezas… Ella por su parte llega tarde de visitar a su amiga enferma, a su mamá, a su hermana, a su comadre… y él no está nada de buenas:

–Aquí me tienes como tu pendejo

–Sólo fui a visitar a mi hermana.

–Seguro ya te metió sus ideas y andas como ella igual de loca.

–No me digas así.

–Te digo como se me pega la gana tú y toda tu familia son puras zorras inútiles.

El desenlace es anunciado: entre el estrés del día, el alcohol y el enojo salen los golpes y más insultos… este evento forma parte de la secuencia de eslabones de violencia (después de algunos días de brincar del mudo al enojado, o del enojado al mudo). Durante algunos días permanecen los dos serios –conformando el cuarto eslabón–, tal vez ella se va a la casa de su mamá o simplemente se quedan bajo el mismo techo pero sin hablarse. Ella, resentida, deja entrever sus intenciones de separación. Él a su vez, transita con la cola entre la patas, aislado y culpable. Entonces aparece el quinto eslabón: la seducción. El golpeador tiene un gesto de arrepentimiento, le ofrece a su ofendida pareja un buen regalo, le pide perdón o cosa parecida. Ella al principio se resiste a recibir la bandera de la paz que él le ofrece humildemente. Sin embargo, no resiste mucho tiempo las muestras de arrepentimiento y termina por otorgar el perdón. Esa noche cierran con broche de oro y tal vez hasta tienen un encuentro amoroso. La reconciliación, el sexto eslabón, sin embargo, sólo dura hasta que aparece, para reiniciar el ciclo por milésima ocasión, el primer eslabón del mudo: ¿Qué tienes mi amor?…  Nada ya te dije.

El circuito de la violencia no se puede arreglar con pura buena intención: un gesto de buena voluntad; un buen regalo; una serenata o un gran ramo de flores   rojas. ¿Cuántas veces necesitas que te envíe rosas rojas antes de que en una de ellas te mate? –se les suele preguntar a las mujeres objeto de violencia.

El día mundial contra la violencia a la mujer no lo podemos celebrar con un acto de silencio sino con el remplazo del primer eslabón de la violencia. Si tu hermano te ofendió, no dejes que se meta el sol sin ir a hablar con él; deja tus ofrendas, ve y reconcíliate…[ii] Esta consigna bíblica tan importante, tal vez algún día alcance el estatus de mandamiento. El perdón no se da sin una experiencia de restauración, que inicia con un acto de expresión conectada… que finalmente rompe el ciclo de la violencia. ¿Me puedes escuchar diez minutos sin interrupción?

Todo comienza con un acto de toma de conciencia de lo que yo siento en mi cuerpo cuando tú haces o dejas de hacer a lgo. Sólo si doy el primer paso de reconocer mi experiencia puedo proceder a compartirla de manera estrictamente descriptiva en un espacio protegido de dialogo. Un segundo momento importante para completar el ciclo de la comunicación y la conexión –alternativo al ciclo de la violencia– es cuando mi contraparte en lugar de contestar con argumentos y razones que desde luego pueden ser válidas y lógicas,  simple y humildemente se limita a comunicarme que entendió la experiencia tal como yo la viví y no como él piensa que debería haberla vivido. Una de las dificultades más comunes para completar dicho ciclo es una pequeña creencia primitiva que de pronto se convierte en el gran obstáculo: Suponer que escuchar y entender la manera de percibir el mundo del otro es equivalente a estar de acuerdo, ceder o aprobar. Esta pequeña trampa-creencia impide a tantas personas realizar algo que parece tan fácil: escuchar verdaderamente quince minutos sin interrumpir, corregir, aclarar… Aunque tú tengas razones absolutamente válidas para no dar un permiso, o comprarle su gorrita o su bicicleta a tu hijo, o te produzca gran desconfianza un novio o amigo de tu hija… ¡no lo interrumpas! déjalo terminar, pon tu atención en entenderla y descubrirás una maravillosa oportunidad de aprendizaje y conexión, independientemente de que estés dispuesta a no otorgar un permiso, hacer una compra, un favor, un servicio…

[i] Moreno S. (2012) Focussing. Guadalajara; Ed. ITESO

[ii] Mateo 5:23-24; Efesios 4:25-26.

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