El lenguaje nos limita

Desde variadas perspectivas como las de Sta. Teresa de Ávila,[i] pasando por Ouspensky[ii], Clare Graves[iii], Ken Wilbert[iv]… y de manera más definida desde la óptica postmodernista del conocimiento (Sexton, 1997[v]), se ha sostenido que existen diferentes niveles y formas de percibir la realidad. Hay un primer nivel superficial donde a la experiencia que tenemos del mundo la reconocemos en nuestra mente sin titubeos como “la realidad”: Tú me haces perder la paz, yo te hago sentir culpable; el pasto es verde, Juana está enojada, María es bipolar, Jorge es un coqueto y Lorena es superficial. Los humanos tendemos a cargar nuestro lenguaje de causalidades y de adjetivos que usualmente van precedidos del verbo ser que implica identidad.

En la primera mitad del siglo pasado (1933) Alfred Korzybski,[vi] creador de la Semántica General esbozó una propuesta que posteriormente endorsarían David Bourland[vii] y más recientemente Robert A. Wilson[viii]: Suprimir el verbo ser del lenguaje. En español, a diferencia del inglés, existe el verbo estar que corresponde a un estado provisional no a una identidad o cualidad intrínseca, implícita en el verbo ser al cual se refiere Korzybski y sus seguidores. Pero ¿qué significa en términos prácticos la advertencia de Korzybski de restringir el uso del verbo ser? Korzybski sostenía que el ser humano estaba limitado en su conocimiento tanto por su estructura cerebral como por la estructura del lenguaje. En relación a la primera limitación es claro que el ser humano sólo es capaz de percibir lo que su aparato biológico le permite: es decir, un rango limitado en el espectro de tonos, luminosidad, sabores, estímulos kinestésicos, olores… Los humanos, por ejemplo no percibimos directamente las ondas electromagnéticas como los hacen delfines o murciélagos.

Sin embargo, la restricción más grave en nuestra manera de percibir y conocer el mundo –incluido el mundo de los seres humanos que nos rodean– se encuentra en la misma estructura del lenguaje que utilizamos y con la cual conformamos un limitado tipo de conciencia y de construcción del conocimiento. Sexton, por ejemplo, le llama pre-moderna a la época más arcaica de construir el conocimiento. Después, con el advenimiento de la observación científica viene la época moderna representada por la física Newtoniana que dio auge al método científico experimental; Finalmente llega el postmodernismo impulsado por la física cuántica y sus descubrimientos sobre el extravagante funcionamiento de la materia en el nivel subatómico.

Cada nivel de conciencia, cada etapa del conocimiento tiene su propio lenguaje que permite describir fenómenos accesibles en un momento dado a la comprensión humana. Las personas, atrapadas en sus propias conciencias, son incapaces de advertir que están usando un lenguaje medieval para describir fenómenos que simplemente no son traducibles en ese nivel. Cómo explicar por ejemplo que la materia, del nivel atómico hacia arriba, se comporta de manera consistente con la física newtoniana…y sin embargo, en el nivel sub-atómico, su comportamiento es totalmente diferente.

Un fenómeno de utilidad didáctica es el relacionado a la naturaleza de la luz. El debate acerca de si la luz es de naturaleza corpuscular u ondulatoria, es decir, si está conformado de partículas u de ondas ha ocupado y preocupado a las mentes científicas desde el siglo XVII cuando el propio Issac Newton defendía la naturaleza corpuscular de la luz mientras Christian Huygens afirmaba que la luz era ondulatoria (De Solla, 1961)[ix].

Hablar de ondas versus partículas implica, en lenguaje lógico-newtoniano, referirse a dos categorías diferentes y mutuamente excluyentes: si es rojo no puede ser amarillo o si es amarillo no puede ser azul, si es perro no puede ser gato; si es avión no puede ser bicicleta. En las leyes de los silogismos de la lógica aristotélica es muy claro que una cosa no puede ser algo y no serlo a la vez. La luz ¿es ondas o es partículas? Justamente en la manera de plantear el problema está la dificultad de resolverlo. Si utilizamos el medieval verbo ser nos vemos forzados a elegir una de dos cualidades o sustantivos incompatibles. Estamos atrapados en el uso del verbo ser –diferente al verbo estar–. La luz ¿es ondas o es partículas? Para resolver un problema moderno o mejor dicho para entender un nuevo hallazgo de la ciencia no podemos usar el lenguaje aristotélico, newtoniano, medieval… atrapado en el verbo ser. La salida de este enredo conceptual requiere de enunciarlo de manera impecablemente descriptiva, fenomenológica, operacional,[x] cuántica: La luz se comporta como ondas cuando es observada desde cierta perspectiva y por otro lado se comporta como partículas cuando es observada en condiciones diferentes… punto.

Esta perspectiva que algunos llaman genéricamente post-modernista implica que la verdad no es algo que podemos descubrir ahí afuera y exista en si misma independientemente del observador como se creía en tiempos del modernismo. Es más bien a partir de nuestra interacción con la realidad que construimos no realidades, sino variados niveles y elaboraciones de ésta.

Ante un bombardeo de fotones puedo percibir alternativamente ondas o partículas[1], asimismo cuando estoy participando de una relación interpersonal con mi pareja, por ejemplo, no necesito estar de acuerdo para reconocer su realidad cuando ella dice: Me siento abandonada cuando tú llegas tarde del trabajo y pocas veces tienes tiempo para salir conmigo, y trato de llamarte pero tu teléfono esta desconectado y entonces me comienzo a imaginar que sales con otra mujer….

Y entonces yo también puedo compartir mi experiencia y ser entendido cuando expreso: Yo me siento presionado cuando se me acumula el trabajo y por un lado mi jefe me dice que le urge esto y aquello y por otro lado tú me hablas varias veces al día para recordarme que vaya al súper en camino a casa y compre cosas, y de pronto me doy cuenta de que no voy a alcanzar a pasar por tus encargos porque se me hace tarde y me siento tan incomodo de escucharte decir que me importa más mi trabajo que mi familia y entonces prefiero no contestar el teléfono para evitarme el regaño. Por otro lado, también me doy cuenta –aunque esto me da trabajo decirlo– que estoy muy enojado y resentido contigo cuando llego a mi oficina y miro con mis propios ojos que has entrado sin avisarme y estás revisando mi correo y en esos momentos me siento invadido, con pocas ganas de acercarme a ti y ser cariñoso… cuando llego a casa siento ganas de tomar distancia, de encerrarme en mi cuarto a leer el periódico y no hablar contigo.

El único puente posible para avanzar hacia la construcción de nuevas realidades consiste en no invalidar ninguna de las dos realidades; ni esperar que algún árbitro cósmico nos diga cuál de los dos tiene razón. Por incompatible que parezca la luz es…o mejor dicho se comporta como partículas y también como ondas. Ciertamente algunas parejas en situación de conflicto acuden al psicólogo, al cura, al compadre… para obtener un veredicto sobre cuál de los dos tiene la razón. Goolishian[xi] –uno de los pioneros de la terapia familiar sistémica– hace algunas décadas durante su internado como terapeuta fue asignado para tratar a un hombre que parecía tener graves problemas de pareja. Pasaron varios meses de tratamiento durante los cuales Goolishian fue alimentando una profunda simpatía por ese pobre hombre que era tan hostigado por su mujer. Qué difícil ha de ser vivir con esa vieja bruja –más de alguna vez seguramente llegó a pensar para sus adentros el joven terapeuta–. Un día la vida lo puso en una situación inesperada y extraña: le tocó cubrir a uno de sus colegas que llevaba el caso precisamente de la mujer del esposo oprimido. Después de algunas sesiones reconoció sentimientos de simpatía, hacia la mujer a la que finalmente pudo identificar como la esposa de su cliente.

Tony de Mello[xii] refiere la anécdota del sabio Nasrudín que escucha a la esposa quejarse del marido y exclama ¡Tienes razón!… Después escucha al marido quejarse de su mujer y exclama igualmente: ¡Tienes razón! Cuando Nasrudín es confrontado por esta aparente inconsistencia o forma de darles por su lado a ambos, el sabio se sostiene y confiesa que ciertamente para él ambos tienen razón: su propia razón.

A partir de esta perspectiva cuántica –que sostiene que la realidad con todo y sus dimensiones de tiempo y espacio es construida de manera diferente en función de la posición del observador– nace el modelo de terapia de Goolishian conocido como de realidades múltiples. Según este autor cada miembro de una familia de una pareja, de un grupo… percibe de manera diferente y construye en su cabeza diferentes realidades. La psicología cuántica de Robert Anton Wilson y los diálogos de Bohm[xiii]son sólo dos ejemplos de propuestas que aplican principios de la física quántica al mejoramiento y evolución de las relaciones humanas.

Por otro lado, psicólogos y psiquiatras de la vieja escuela clínica –llamada así porque utiliza el modelo médico habituado a clasificar enfermedades para así poderlas tratar– siguen utilizando el referido lenguaje medieval cada vez más anacrónico desde la perspectiva de la nueva física. Saber que una persona “es” antisocial, narcisista, limítrofe… facilita ciertamente un lenguaje común entre profesionistas de la salud mental que sin embargo, más allá del poder y la pompa que confiere a quien así habla, suele aportar por sí mismo poco al desarrollo y evolución de las personas diagnosticadas.

El verdadero salto cuántico de transformación en una relación surge cuando la pareja se puede ver a los ojos y validar dos afirmaciones aparentemente incompatibles y construir a partir de ahí una nueva realidad más compleja; cuando Juan le dice a María: Tú realmente te sientes ignorada y abandonada por mí cuando no me reporto; me imagino tu miedo y ansiedad de pensar que ando con alguien más… Y luego María le valida a Juan: Tú realmente te sientes presionado cada vez que te hablo al trabajo para pedirte que no te tardes; que me compres esto o aquello y luego además de mis llamadas tienes las llamadas de tu jefe apurándote a terminar el reporte, las cuentas, el balance… te sientes presionado y prefieres apagar tu teléfono celular… y me puedo imaginar aquel día que llegas a tu oficina y me encuentras ahí en tu escritorio mirando tu computadora, en tu correo y te sietes en ese momento muy indignado muy invadido por mí, resentido… sientes, me imagino, pocas ganas de acercarte y ser cariñoso…

Cuando una pareja puede provisionalmente suspender su subordinación al ego controlador y defensivo y sólo, por unos instantes, se conecta con su empatía, con sus neuronas espejo, con su capacidad de compasión… entonces se da la magia de la conexión, de la apertura mutua, de la construcción de una nueva perspectiva.

Cuando por un momento son capaces ambos de poner en pausa su obsesión por cambiar al otro o su deseo de convencer o disuadir… (por su bien desde luego); Cuando comienzan a usar de manera cuidadosa su lenguaje que se va transformando de lo causal y enjuiciador a lo descriptivo-fenomenológico; del tú deberías al yo deseo; de eso está mal a yo experimento dificultad para aceptar o aprobar dicha conducta; del auto azul es más bonito al yo prefiero el auto azul… entonces ambos inician de manera imperceptible pero poderosa el camino de la conexión, de la generación de una conciencia de unidad –de momentáneamente ser parte de lo mismo–; de la construcción de nuevas realidades, de nuevas formas de relacionarse y de entender el mundo. Ambos se mueven, asimismo, de un estado de defensa a un estado de apertura. El camino del diálogo “en lenguaje impecable” es el camino de la integración de nueva información; de la construcción de una nueva estructura donde las múltiples realidades por incompatibles que parezcan, pueden convivir y conformar una nueva realidad, es decir una nueva relación de orden más elevado, más complejo, más avanzado, más inteligente… donde es cierto que la luz, sin ser, partículas se comporta como tales y también “sin ser” ondas se comporta como si lo fuera.

Por otra parte el lenguaje característico de niveles de conciencia más primitivos, en un abrir y cerrar de ojos, promueven la separación, la lucha de poder, la conciencia “newtoniana” de: estamos separados, somos contendientes, nos amenazamos mutuamente… En lugar de conectarse el maestro desde esta posición trata de controlar a su alumno y este trata de defenderse.

[1]Cuando el bombardeo de fotones pasa a través de una lamina de acero ranurada, el comportamiento de los fotones es ondulatorio. Pero si al paso por dichas ranuras se coloca una cámara que registre la presencia de dichos fotones, estos automáticamente –ante la sola condición de colocar un aparato observador– se comportan como partículas.

[i] Avila de Teresa. Las Moradas (El castillo Interior) en Teresa de Jesús: Obras completas (1996). O. Carmelitas; Madrid Ed. Biblioteca de autores cristianos.

[ii] OuspenskP. D. (1957). The Fourh Way. Londres: Ed. Routledge and Kegan Paul.

[iii] Graves, C. The Never Ending Quest. Sta. Barbara Ca.: Eds Cowan y Todorovic/Publishing Co. NVC Cons.

[iv] Wilber, Kent (1985). La conciencia sin Fronteras. Barcelona. Ed. Kairos.

[v] Sexton, T. L. (1997). Constructivist thinking in counseling practice, research, and training. (13-18). New York: Teachers College Press.

[vi] Alfred Korzybski, 1994, (5a edición) Science and Sanity An Introduction to Non-Aristotelian Systems and General Semantics. Ed. Inst. of General Semantics.

[vii] Bourland, D. David; Johnston, Paul Dennithorne, eds. (1991). To Be or Not: An E-Prime Anthology. San Francisco: International Society for General Semantics.

[viii] Robert Wilson (1990) Quantum Psychology. N. Y. New Falcon Publication.

[ix] De Solla en BarberT. X. (1976). Pitfalls in Human Research. Elmsford New York: Ed Pergamon Press.

[x] Descriptiva, fenomenologica, operacional…

[xi] Goolishian Anderson, H. & Goolishian, H. (1992) The client as the expert: a not knowing approach to therapy. In Therapy as a Social Construction. London: Sage Publications.

[xii] Vallés, C. ( 1990). Ligero de Equipaje. Barcelona: Ed. Salterrae.

[xiii] Bohm D. (1996) On Dialogue. N. Y. Routledge.

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