¿Es el amor un sentimiento?

¿Te ha pasado que un día estás con tu pareja y reconoces en ese momento una ausencia total de sentimientos de amor? Más bien parece que te cae bastante gorda esa persona a quien en algún momento te has referido como “tu pareja”. Tal vez te molesta el ruido que hace al comer, o como pronuncia ciertas palabras o tal vez sus comentarios, su olor, su ropa, sus chistes… La lista podría seguir. Cuando estas frente a esa persona considerada tu pareja tal vez no llegues a expresar de manera explícita que no sientes amor pues reconocerlo te significaría un mayor problema. La expresión de sentimientos desagradables tal vez produciría culpa en ti por sentir lo que sientes o resentimiento de parte de tu pareja por oír “lo que duele”. Por otro lado resulta internamente violento mentir que sientes amor cuando en realidad estás experimentando distancia y decepción.

La frase: no siento amor por ti, es difícil tanto para quien la dice como para quien la recibe. Es mejor, consideran algunos, no decirla o en todo caso disfrazarla con un estoy cansado, me duele la cabeza, necesito tiempo no eres tú, soy yo… A primera vista parece una mentirilla piadosa el decir si siento amor cuando en realidad me cae en el hígado esa persona conocida como “mi pareja”. Detrás de la mentirilla piadosa hay, sin embargo, una trampa. Nos da miedo decir: ahorita no siento amor, pues creemos de alguna manera que el amor es un sentimiento y si lo decimos… pues le fallamos al amor y nos exponemos a sentir culpa o rechazo. El amor no es un sentimiento.

El enamoramiento es una manifestación inicial de dos personas que se atraen con diferente grado de intensidad y pasión y ponen así su granito de arena para la procreación. Sin ese sentimiento inicial probablemente como especie humana ya nos habríamos extinguido. Sin embargo, cuando la persona cree que el amor es cuestión de sentir bonito, entonces puede justificadamente cada cinco o seis años decir ya se nos acabó el amor ya no siento nada  y… a cambiar de pareja. Desde luego puede haber muchas razones válidas para cambiar de pareja y cuando llega el momento a cada quien le corresponde decidirlo de la mejor manera posible. Sin embargo, la creencia profunda de que el amor es un sentimiento hace de la calidad de la relación de pareja, algo tan frágil y efímero. El afecto, la ternura y la atracción pueden aparecer y desaparecer de manera intermitente. Ante la dificultad de sentir amor cuando estoy enojado o deprimido pareciera que el amor se acaba. Como sentimientos, ciertamente el amor y el enojo son incompatibles, no se pueden sentir al mismo tiempo.

El amor, sin embargo, como sugiere Luis Brito[i], no es un sentimiento, es un compromiso que suele iniciarse e incluir la experiencia del enamoramiento pero no está circunscrito a ella. Lo realmente grave en ese largo, tortuoso y también maravilloso camino del amor no ocurre cuando un día o dos experimento enojo decepción, tristeza, alejamiento… hacia mi pareja; Lo realmente grave ocurre cuando no soy capaz de compartir dicha experiencia y convertirla en una oportunidad de conexión, crecimiento, desarrollo… Los problemas y las diferencias no nos destruyen como pareja por el hecho de aparecer con cierta frecuencia, nos destruyen cuando transcurren dos días y dos semanas y luego tres meses sin hablar de ello de manera protegida, constructiva. Hablar de ello es muy importante, pero hablarlo “de cualquier manera” no es suficiente. Un problema “mal hablado” tiende a deteriorar más y más la relación. Por ello muchas parejas prefieren no hablar más del asunto enojoso –de celos, de distribución de gastos, de ciertas amistades, del trato con un hijo, suegra, cuñada…  Abundan quienes cierran la puerta con una cándida expresión de autodefensa: si vas a seguir con lo mismo mejor me voy… Otra vez con el mismo tema; otra vez la burra al trigo… Al no hablar de algo se esquiva un inminente momento de incomodidad pero se prolonga la agonía; se evade la molestia –como una aspirina– pero se deja la muela picada para futuros dolores. El amor, para nosotros, es comprometerte no a sentir siempre cosas bonitas sino a compartir las cosas bonitas cuando aparecen pero también las incomodas cuando surgen. Si tu hermano te ofendió no dejes que se meta el sol sin hablar con él sigue siendo una consigna bíblica[ii] profundamente inspiradora en la construcción del diálogo protegido (Efesios 4:25-26). La práctica del dialogo es como el mantenimiento a los autos. Si no lo haces con tu pareja tal vez la relación siga caminando con algunos jaloneos –muchas parejas así funcionan y hasta llegan a viejos–. A lo mejor aunque la relación sobreviva de manera desvitalizada finalmente no se trate de algo tan trágico por ser tan común y corriente. Sin embargo tal vez haya otras formas de transitar… quizás.

 

[i] Brito J. L. (2002) La pareja feliz. S. Miguel de Allende Ed. Luis Brito Z.

[ii]…No dejéis que se ponga el sol sobre vuestro enojo. Efesios 4:26

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