Reconsolidación de la Memoria y Psicoterapia de Reconstrucción Experiencial (TRE)

Material en proceso de libro próximo

–Porque es importante acceder a la memoria traumática en el modelo TRE

–Antes de responder a esta pregunta quiero referirme a la cuestión ética de si es válido producir o re-estimular el dolor de la experiencia traumática habiendo otros métodos que no requieren de dicha práctica evocadora y a veces dolorosa. Por un lado, la investigación, aún en pañales, sobre el tema sugiere que para transformar el trazo de una memoria emocional (no solamente para crear una nueva memoria que compite de manera paralela con el viejo trazo) no se requieren necesariamente de grandes cantidades de práctica para consolidarse, sino de condiciones de activación emocional de la experiencia que pueden eventualmente completarse en un solo ensayo.

Por un lado, existe evidencia de la presencia de norepinefrina en los núcleos laterales de la amígdala –una zona rica en receptores adrenérgicos– quefortalece el aprendizaje de lo traumático, es decir, la asociación entre un estímulo aversivo y su contexto, tal como ocurre en el condicionamiento clásico o pavloviano cuando, por ejemplo, son presentados en contigüidad temporal un sonido neutro y un toque eléctrico nocivo… En otras palabras la condición de expansión o intensidad emocional puede ser suficiente para formar en un solo ensayo una memoria emocional. Por el contrario puede también ocurrir que durante una experiencia supuestamente traumática la persona involucrada permanezca en un estado, previamente cultivado de presencia compasiva, y no quede secuestrado por su amígdala, que activa todo el sistema nervioso simpático. Al mantenerse en dicho estado “parasimpático”  la presencia de norepinefrina en la amígdala disminuye y la consolidación de dicha memoria se ve reducida…

Existe evidencia, tanto en moluscos marinos como en organismos más evolucionados –los mamíferos–, de la presencia de la molécula de la memoria sin la cual el aprendizaje asociativo simplemente no se produce. Dicha proteína  compuesta por una cadena peculiar de aminoácidos repetidos –que pareciera tartamudear– es similar a un prion, conocido como la proteína asesina responsable de la epidemia de las vacas locas. Esta proteína, es capaz de coexistir en dos estados alternos uno activo y otro latente o virtual…Los priones son capaces de reproducir su estructura de manera durable  y resistente en estructuras vecinas a pesar de la vida promedio tan efímera de las proteínas de apenas catorce días. Son estas proteínas CEPBP –de características prionicas– las responsables de sostener la estructura de la memoria a largo plazo indefinidamente. Sin la presencia de la cytoplasmic polyadenylation element binding protein… el aprendizaje traumático simplemente no se da; no hay transferencia de la memoria a corto plazo a la memoria a largo plazo. La reproducción de esta proteína en el ambiente dendrítico es autosustentable. Pueden permanecer agazapadas en estado latente por tiempo indefinido. Ante un estímulo evocador  inesperado pasan a un estado activo y traen a la conciencia una memoria. tal como lo reporta en un lenguaje literario Marcel Proust cuando refiere que un olor de pronto le trae las escenas de su vida en Combray o le recuerda el aroma del té de la tia Lionne o el sabor de una madaleine…

Karim Nader junto con Joseph Ledoux y colaboradores se refieren, justamente al estado de plasticidad de la memoria cada vez que ésta es evocada. Las memorias, cada vez que son activadas o recordadas –con cada acto de acceso–, entran a un estado de labilidad o de inestabilidad momentánea conocida como la ventana de la reconsolidación de la memoria. Si durante este espacio de tiempo, que no dura más de cinco horas, ocurre un evento o experiencia procesada por el organismo “de desconfirmación” (miss-match o error detection) de la creencia implícita originada en el evento traumático; entonces, según sostiene Bruce Ecker, la nueva memoria reemplaza a la antigua o se integra a ella. Esta nueva memoria actualizada es “guardada” en el nuevo formato –el último en el que fue recordada.

Ya Edwin Guthrie un connotado investigador de la conducta humana de los años cuarenta había sostenido en el contexto del aprendizaje instrumental que el último acto ejecutado es precisamente el que predomina –el que es recordado por el organismo.

Cada vez que se revive una memoria, ésta entra en un estado de labilidad que permite que se integren nuevos elementos de tal manera que lo recordado hoy puede ser que ya no tenga gran cosa que ver con la experiencia original. Tanto en la facilitación de espacios protegidos del diálogo, como de procesos terapéuticos de reconstrucción experiencial no es entonces relevante el cómo ocurrió un evento en su versión original, objetiva… sino cómo lo recuerda la persona. Lo que recuerdas, para fines prácticos, no es lo que ocurrió sino la experiencia de la última vez que lo reocordaste y como tal la última memoria “accesada y después vuelta a guardar” es lo que determina en gran medida tu reacción en el presente ante circunstancias emocionalmente evocadoras.

Las memorias–según ha sido reconceptualizado a partir de los estudios de Karim Nadder y asociados– no son algo que se saca de un archivo, se trae a la conciencia y luego se vuelve a guardar en su versión original. El mero acto de recordar, de verdaderamente recordar, de tocar, de imaginar en el sentido experiencial, un evento con todos sus matices emocionales… se convierte en un acto transformador que entonces es guardado “como un nuevo archivo” ya con los cambios integrados en la última experiencia evocada… Es como cuando revisamos un manuscrito en la computadora y le agregamos nuevos elementos, corregimos algunas palabras, pulimos oraciones… y al final de la jornada lo guardamos ya editado. El documento nuevo queda archivado en el mismo lugar y con el nombre de la versión anterior de manera que cuando lo volvemos a convocar ya no recuperamos la copia inicial sino la última versión que “recordamos”. La transformación terapéutica de una experiencia no se da cuando simplemente hablamos de ella en tiempo pasado como algo desconectado y lejano, que ya ocurrió y desde la distancia opinamos de ella… Este tipo de rememoración evocada a través de un lenguaje desconectado, difícilmente invoca al estado de maleabilidad que abre la ventana de la reconsolidación. Es a través de un lenguaje fenomenológico expresado en tiempo presente y conectado emocionalmente –a la manera de la escucha experiencial, o algún equivalente– que se entra en contacto con esa experiencia recordada y se activa el estado de maleabilidad que permite su trasformación, la actualización del trazo neuronal de dicha “memoria”.

Durante las  etapas de exploración y reconstrucción, por un lado se crean condiciones de seguridad psicológica y por otro lado, el terapeuta se dirige a ubicar un momento de sentimiento fuerte, como punto de partida, como un trampolín desde el cual inicia una zambullida, un viaje al interior, hacia una escena vieja narrada en tiempo presente que es puesta en estado de maleabilidad… e inicia su proceso de reconstrucción, de reconsoidación… 

La apertura del proceso de reconsolidación requiere de la activación de la memoria, es decir de la elicitación de sus elementos básicos emocionales y episódicos –descriptivos del contexto– que dan forma a la etapa de “reconstrucción”, cuyo objetivo básico es penetrar a las entrañas de la experiencia.

En este proceso de la evocación experiencial justamente surge el riesgo y la oportunidad. Por un lado existe la posibilidad –como lo refieren algunos autores–: de re-traumatizar a la persona, es decir de activar la experiencia dolorosa innecesaria y regresar a la memoria a largo plazo el “archivo recordado” en una versión aumentada y exacerbada o por lo menos equivalente. Esto puede ocurrir cuando la persona en estado de reconstruir su experiencia es totalmente secuestrada por la escena ya sea por falta de seguridad psicológica percibida –que puede suceder independientemente de la buena intención del terapeuta o de su buen oficio–, o ya sea por la intensidad de la experiencia que arroja a la persona abruptamente al modo rojo de amenaza. Cuando la persona, absorta en percibir la experiencia de amenaza, de vulnerabilidad, no alcanza a percibir suficientemente la aceptación incondicional de su terapeuta… queda atrapado en su amígdala. En dicho estado, la persona difícilmente será capaz de incluir dentro de esa ventana o latex procesador que momentáneamente se abrió: nuevos elementos, nuevas perspectivas, nuevas creencias, nuevos estímulos significativos… Este riesgo, sin embargo, se conjura cuando el acompañamiento se da de manera consistente en condiciones óptimas de seguridad psicológica; es decir, cuando la persona en proceso de “reconstruir” su experiencia, se encuentra –experiencialmente viviendo el evento traumático– y al mismo tiempo siendo acompañado por alguien, bien sostenido en la consigna de te quiero imaginar, entender, no te quiero cambiar… El acompañamiento cercano y consistente finalmente permite al cliente transitar del color rojo de la amenaza al color verde de la aceptación donde el organismo se dispone integrar nueva información. Al dejar entrar la experiencia de compasión total y rendirse a ella, el contenido episódico de su memoria no cambia. La persona es capaz de recordar los hechos… lo que se transforma totalmente es el tono emocional de la misma…

Existen algunos elementos en una intervención de reconstrucción experiencial básicos que aseguren el aprovechamiento del estado de labilidad para un acompañamiento terapeutico. Por un lado es importante la transmisión de un profundo respeto –y seguridad psicológica– y por el otro, es esencial hacerle saber con toda claridad al cliente que es él o ella quien ostenta el poder, el control, de continuar o no con el proceso. El terapeuta de reconstrucción honra el derecho del cliente de detener el proceso si así lo desea; y con este propósito solicita permiso para continuar o detenerse antes de dar cada nuevo paso en el protocolo terapéutico. El reconstruir con el recurso de la escucha experiencial una escena de sentimiento fuerte, como le llama Alvin Mahrer, se lleva a cabo después de un proceso permanente de imaginar con la máxima cercanía, compasión y respeto la experiencia del otro. Sólo después de haber transmitido el mensaje emocional implícito de no necesito cambiarte para apreciarte para respetarte… se solicita la autorización explícita y formal para el siguiente movimiento: ¿podemos dar otro paso e imaginar esta escena…? En ese momento sabemos que, como si fuese un viaje en el tiempo, estamos entrando a la experiencia en tiempo presente, tal como la persona la ha construido en su memoria. Dicha memoria, por otro lado, puede estar muy alejada de la realidad tal como otros la vieron o la recuerdan, pero en el proceso de reconstruir eventos y evocar memorias lo realmente importante en el curso de diálogo terapéutico es entender e imaginar la experiencia de la manera más aceptante posible y cercana a como el otro la ha construido.

Justamente lo que los científicos llaman reconsolidación de la memoria es un proceso de transformación constante… Cada experiencia emocional se convierte en memoria implícita y se transforma en percepción. La persona en función de sus experiencias, especialmente las de tipo traumático,  aprende a prestar atención a ciertos elementos y a evadir otros… Por ejemplo Juanita puede dejar atrapada su atención, a partir de aquel evento traumático, en la mirada de rechazo de su abuela y de su tía el día que la sorprendieron tomando unas galletas sin permiso y la acusaron de ladrona. La atención se queda entonces secuestrada en un punto, fijada en una mirada enjuiciadora, que a partir de entonces tenderá a buscar, a esperar, a imaginar, a construir involuntariamente en su mundo cotidiano. A partir de dicho recuerdo inicial Juanita será sumamente sensible a ver las miradas de personas que la reprueban; de personas que la juzgan o finalmente de personas que independientemente que no la reprueben ni la juzguen son personas que a ella en una fracción de segundo le parece que lo hacen ya sea por un gesto, por un silencio, por un ademán que tenderá a acomodarse a lo que ella espera… La activación de una memoria emocional amenazante es suficiente para percibir al mundo como auténticamente amenazante. De manera paradójica justamente junto a la experiencia del dolor que se repite surge también la oportunidad de la reconsolidación. En dicho estado de labilidad al conectar la experiencia de amenaza, la persona tiene ante sí la ocasión de abrir la ventana de la reconsolidación y dentro de ese espacio de transformación y sanación… reconstruir su percepción y re-decidir dónde poner su atención. Activar una memoria por sí mismo no es garantía de transformación; al hacerlo, se puede por un lado reconfirmar que cada vez que alguien la cuestiona ello significa que no vale nada que toda ella está reprobada… o puede también reconocerse valiosa mientras el otro ejerce su derecho a tener opiniones y expectativas diferentes… Martha puede por ejemplo decidir registrar y recrear la ocasión en la cual su esposo pasó horas preparando para ella una cena romántica con flores y música… o puede poner su atención también en el hecho de ver el tiradero que dejó en la cocina o en la hora  –ya tarde– en la que él tuvo todo preparado sin consideración a que ella estaba cansada… Mientras dura el estado de labilidad –se abre la ventana donde la experiencia queda expuesta y puede ser pintada de un color compasivo o de uno sombrío y frio. La persona en proceso de su viaje experiencial tiene la opción de incluir nuevos elementos que por un lado han de des-confirmar una creencia original pero por otro lado no invaliden de manera descarada grotesca la información original. Re-encuadrar ha sido un término utilizado en la jerga terapéutica para referirse a ver una misma escena desde un ángulo o ventana diferente. Si los nuevos elementos desafían drásticamente la lógica del evento original, se corre el riesgo de construir una nueva memoria pero dejar la traumática en su estado original. No podemos por ejemplo sugerir que papá en realidad no te pegó, o no se fue de la casa; que mamá no le compraba más ropa a tu hermana que a ti, o que el abuelo en realidad no abusó, o que en aquel accidente no murió la hermana mayor o que el incendio no quemó la casa… Reconstruir requiere de tomar la escena como si fuese una vasija donde se encuentra la memoria en estado de maleabilidad que se accesó a través de una foto o de un momento de sentimiento fuerte. Durante el proceso de reconstrucción de la experiencia, es posible que irrumpan nuevas memorias distractoras. Del enojo hacia mi madre, puedo saltar a la culpa por sentir enojo y entonces me alejo de la experiencia de enojo. El facilitador necesita asegurarse de estar trabajando con el trazo correspondiente de la memoria traumática.  En otras palabras requiere tener identificada la “vasija o látex-contenedor indicado” o la ventana de reconsolidación de la experiencia involucrada… y tenerla bien asida para integrar los nuevos elementos: las experiencias de aceptación, de compasión profunda. Los anclajes o asideras de dicha vasija son los estímulos auditivos, visuales, kinestésicos… así como las sensaciones asociadas que además de activar fungen como la agarradera del facilitador ante las distracciones y tentaciones de cambiar de tema, de evadirse, de fugarse a otra escena o de abrir una nueva ventana antes de consolidar la previa… Lo que queremos impregnar de presencia y de compasión es la memoria traumática, es el contexto que se  ha mantenido a la persona anclada a la escena. El trabajo de reconstrucción no puede ser abordado como un recuerdo visto desde un lugar remoto en el tiempo… El acompañamiento compasivo se convierte en una experiencia vivida en tiempo presente. La reconstrucción se da en el espacio donde el trazo de la memoria se hace maleable y se actualiza con la experiencia del presente. Así, lo que vamos a recordar emocionalmente en el futuro próximo o remoto será lo último que re-experienciamos.

El simple recordar no es suficiente; se lleva a cabo desde un narrador que cuenta una historia desde afuera y en un lenguaje vago… El reconstruir la experiencia, por el contrario, se lleva a cabo en tiempo presente y desde adentro de la experiencia que es descrita fenomenológicamente. Dicha activación de la emocional puede convertirse en un evento re-traumatizante o en uno sanador… Cada vez que invocamos nuestro pasado –por ejemplo, al niño con su pantalón de mezclilla, con su playera de rayas azul y blanco en ese jardín trasero de la casa de la colonia las arboledas– y lo describimos experiencialmente en tiempo presente, las conexiones del recuerdo se tornan maleables y la experiencia se actualiza, se reconstruye… A ese espacio de tiempo se le conoce como la ventana de la reconsolidación.

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