Reconsolidación de la memoria

1.- El mecanismo de reconsolidación de la memoria en el modelo TRE

 

Entre los hallazgos importantes para el mundo de las neurociencias en el nuevo milenio, están los descubrimientos de Karim Nadder por un lado y de K. Si y E. Kandel (Nobel de medicina 2000) sobre el mecanismo de la memoria y el  proceso de reconsolidación. Un verdadero boom de investigación en Neurociencias ha surgido a partir de estudiar el proceso que ocurre cuando las memorias –emocionales y episódicas– de un organismo son activadas (recordadas, narradas experiencialmente). Durante un periodo limitado de tiempo –llamado la ventana de la reconsolidación–, las memorias activadas entran a un estado de maleabilidad o plasticidad. En otras palabras, cada vez que es recordada o activada una experiencia –usualmente aversiva–; la proteína de la memoria” que la sostiene en el espacio inter-sináptico (cytoplasmic polyadenylation… CPEB)  parece entrar en un estado de labilidad. Existe evidencia de este proceso tanto en la amígdala como en el hipocampo –estructuras cerebrales de almacenamiento de la memoria emocional y episódica respectivamente–. El suministro de agentes farmacológicos como la anisomicin o el propranolol –de aplicación más sencilla y  efecto menos toxico en humanos– interfiere en la síntesis de dicha proteína y tienen el efecto de impedir que dicha memoria se consolide. El camino no farmacológico para la transformación del trazo neuronal de la memoria traumática consiste en activar experiencial-mente dicha memoria y con ello abrir la ventana de la reconsolidación la cual permite que cualquier nuevo elemento  yuxtapuesto dentro de dicho periodo quede integrado en la nueva versión de la memoria a partir de entonces. En otras palabras, no se trata sólo de una metáfora: hablar nos ayuda a sacar para a fuera nuestro dolor y nos limpia el alma… Hablar bajo ciertas condiciones establecidas, de seguridad psicológica –se ha documentado– ayuda a reconstruir la memoria de eventos traumáticos para convertirlos en resiliencia.

Durante la exploración y rememoración de una escena de sentimiento fuerte, de un momento difícil, de un recuerdo traumático, o de un potencial profundo… se abre una ventana de maleabilidad, se activa un estado de apertura en el sistema memoria-conducta. De pronto con el simple y fascinante hecho de recordar, de recrear el momento de sentimiento fuerte surge una intervención terapéutica de gran impacto. El acto de acompañamiento terapéutico, sin embargo, ha de ser llevado a cabo por un lado con un profundo respeto a la experiencia ajena y por el otro con confianza básica en las bondades de la exploración es decir sin el sobresalto, sin el temor de abrir cosas feas, de destapar la caja de pandora que, nos han dicho los mayores, esas autoridades míticas de la psicología clínica, puede llevar a la persona del cliente a una retraumatización o a un quiebre psicótico, sobre todo si se trata de un yo débil –que es algo equivalente al miedo que de niños nos infligía la niñera en su afán de controlarnos: va a venir el coco y te va a llevar si te portas mal.

Desde el modelo TRE creemos por un lado que es importante –muy importante– acompañar con empatía y precisión de manera fluida y cómoda a la persona en su proceso de identificar de manera detallada el contexto del evento así como los sentimientos y sensaciones que surgen en el proceso de la terapia (MSF)

En su proceso de reconstrucción –especialmente en el procedimiento conocido como TRE segundo nivel– el cliente de pronto reporta una escena de sentimiento fuerte reciente de burla, de amenaza, de inseguridad… y a partir de esa descripción, a través de un brinco de asociación libre, llega a una escena antigua de abuso o desprotección donde la persona aprendió que, por ejemplo, aun los seres más cercanos, esos de su propia familia, “te pueden lastimar”. El abrir esos recuerdos suele activar de manera inmediata en el organismo el sistema de amenaza; de huir o pelear –asociado a la rama simpática del sistema autónomo–. O aún más en ocasiones se activa el subsistema de congelarse: cuando según Porges la propia sobrevivencia se encuentra en riesgo… Sin embargo, no es necesario que se trate de un abuso sexual flagrante, o de una amenaza de muerte… hay muchas otras experiencias de abuso y de desprotección que llevan a la persona a percibir a su medio ambiente como peligroso. Si mi papá golpeaba a mi mamá –es posible que el cliente razone subliminalmente– si mi mamá no me defendía de los excesos de papá, si mi propio hermano me hostigaba…  que puedo esperar de estas personas que ahora entran a mi historia y destapan mi experiencia… La exploración de dichos recuerdos es parte de un proceso delicado que debe ser acompañado con dosis abundantes de seguridad psicológica –incluida la certeza por parte del cliente de poseer el control de continuar o de suspender el proceso en cualquier momento–. Nos das permiso de dar otro pasito es una pregunta obligada y poderosa. Por un lado se le dice a la persona que vamos a honrar su decisión de detener el trabajo terapéutico en el momento que él lo considere… y ese momento puede ser  cuando se sienta atropellado por sensaciones de amenaza, de invasión, de inseguridad… Por otro lado la misma pregunta –así como nuestra presencia  empática y compasiva– le recuerda de manera constante y tangible “al viajero” que existe algo especial en dicho acompañamiento llamado respeto –elemento ausente en la experiencia original traumática. En TRE tenemos muy presente el potencial de sanación de los seres humanos que se activa cuando se entra en contacto con la experiencia profunda. No se trata sólo de una postura congruente con la filosofía humanista, en abstracto; se trata de reconocer y honrar el anhelo de sanar que surge en la persona que busca ayuda, aun en medio de su historia llena de carencias abandonos y abusos… Como terapeutas a la caza de escenas de sentimieto fuerte, nos vemos tocados por esa parte interior en el cliente que aunque a veces se ha sido boicoteada. En el fondo ya está harta de sufrir. En otras palabras aunque el entrar ala túnel del recuerdo y abrir esa ventana de la memoria emocional implica una experiencia de dolor y a veces de terror… es también una experiencia de esperanza, una luz lejana del otro lado del túnel que anuncia la posibilidad de salir de dicho viaje fortalecida y no necesariamente re-traumatizada. Al evocar una escena traumática y al mismo tiempo acompañar –en yuxtaposición como diría Bruce Eckert, en su modelo terapéutico inspirado en el mecanismo de la reconsolidación de la memoriacon verdadera compasión y presencia, de pronto la persona a pesar de su miedo, se descubre con disposición a permitir la incorporación de nuevos elementos durante esos “momentos claves de apertura”. Justo cuando la ventana de la reconsolidación de la memoria se encuentra abierta– se dan las condiciones precisas donde el gran impacto terapéutico opera y se incorporan nuevos elementos –de compasión, de aceptación, de integración– a la memoria traumática. El evento doloroso que hasta ese momento es registrado en la memoria  como una experiencia solitaria y desprotegida –justamente la combinación que la hace traumática–, de pronto es revisado y transformado en aprendizaje de resiliencia e integración.  El proceso alcanza su punto óptimo en la sinergia de esa mezcla mágica donde convergen la seguridad psicológica y la expansión de conciencia. Expansión de conciencia significa en el contexto terapéutico: apertura de la ventana de la reconsolidación; significa la posibilidad de reconstrucción de la experiencia; significa plasticidad de la memoria; significa maleabilidad temporal de las estructuras moleculares que sostienen la memoria emocional –CPEB–. Por otro lado la seguridad psicológica representa al mismo tiempo para el cliente la certeza de estar en un lugar seguro, aun dentro de lo doloroso; un lugar que le puede enseñar una manera diferente de construir esa memoria traumática; una formula poderosa para transformar el aprendizaje traumático en un recurso de resiliencia… Durante el acompañamiento terapéutico los nuevos elementos que se integran a la experiencia –aceptación incondicional y compasión profunda– son transmitidos mayormente de manera implícita a través de un acto de escucha, de un tono de voz, de una mano presente mientras la escena es descrita compasivamente… Usualmente no es necesario hacer explicita la presencia de los nuevos elementos, aunque ocasionalmente puede la persona ser invitada de manera intencional a poner ahí la atención, en el tono de voz, en la mano que acompaña… para ser vistos oficialmente, reconocidos, incluidos en la foto experiencial de una nueva memoria ya reconsolidada.

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